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Derechos animales

La indignación selectiva: cuando un pequeño wombat despierta más compasión que millones de terneros

Esta semana, las redes sociales y los medios de comunicación estallaron con una indignación justificada cuando una “influencer” arrebató un bebé wombat de su madre en Australia, como parte de su generación de contenidos.

Esta semana, las redes sociales y los medios de comunicación estallaron con una indignación justificada cuando una “influencer” arrebató un bebé wombat a su madre en Australia, como parte de su generación de contenidos.

El incidente, que duró apenas un minuto antes de que la cría fuera devuelta, provocó la condena de los más altos niveles del gobierno australiano; incluyendo al primer ministro que lo calificó de «indignante».

La fuerte reacción pública demuestra que, como sociedad, entendemos algo fundamental: separar a un bebé de su madre es cruel y traumático. Reconocimos la angustia tanto del bebé como de su madre. Vimos el miedo de la cría mientras chillaba al ser sostenida por la influencer, de nombre Samantha Jo Strable, alias “Sam Jones” que, por lo demás, se dedica a contenidos sobre caza. Empatizamos con el pánico de la madre wombat mientras daba vueltas en un segundo plano, impotente para proteger a su cría.

Pero esa misma empatía desaparece misteriosamente cuando se trata de las prácticas habituales de la industria láctea.

La realidad oculta de la industria láctea

Cada día, en miles de granjas lecheras de todo el mundo, los terneros recién nacidos son separados de sus madres, no por un minuto, sino de forma permanente. A diferencia del pequeño wombat, que fue devuelto rápidamente, estos terneros nunca volverán a reunirse con sus madres.

Esta separación ocurre dentro de las 24 horas posteriores al nacimiento, a menudo inmediatamente después del parto. ¿Y por qué? Porque la leche que la naturaleza destinó a estos terneros se ha desviado para el consumo humano: para nuestros cafés con leche, quesos y helados.

Las vacas lecheras no son máquinas de producir leche. Son mamíferos con fuertes instintos maternales, como la madre wombat del vídeo viral. Las investigaciones han documentado cómo las vacas madres braman durante días llamando a sus terneros. Algunas se niegan a comer y muestran claros signos de miedo y angustia.

¿La diferencia? Ningún primer ministro condena la práctica. Ningún ministro de inmigración comprueba si alguien ha «incumplido las condiciones», como fue el caso de la influencer estadounidense de paso en Australia.

El doble estándar

La indignación por el breve trato de Jones a un pequeño de wombat (que finalmente fue devuelto ileso) contrasta con nuestro silencio colectivo sobre la separación de por vida de millones de vacas madres de sus crías.

¿Cómo se explica esta desconexión? Quizá sea porque hemos clasificado a algunos animales como merecedores de protección y a otros como alimento. Quizá sea porque las prácticas de la industria láctea ocurren a puerta cerrada, mientras que el incidente del wombat se desarrolló en las redes sociales. O quizá sea simplemente que no queremos afrontar la incómoda verdad que se esconde tras nuestras elecciones alimentarias diarias.

Si agarrar a un bebé wombat durante un minuto merece la indignación colectiva, cobertura mediática y la intervención del gobierno, ¿cuál debería ser nuestra respuesta a una industria cuya esencia consiste en separar permanentemente a millones de terneros de sus madres?

No se trata de desestimar las preocupaciones legítimas sobre el acoso a la vida silvestre. Las acciones de Jones fueron indudablemente una estupidez y falta de respeto con la vida silvestre de Australia. Pero nuestra indignación moral no debería ser selectiva, dependiendo de qué especie se perjudique o de qué productos nos guste consumir.

La verdadera compasión por los animales requiere coherencia. Si podemos entender el trauma de una madre wombat y su cría al ser separadas por unos segundos, deberíamos preocuparnos igualmente por las madres vacas que nunca vuelven a ver a sus crías, todo por un producto del que podemos prescindir fácilmente.

Así que la próxima vez que pidas un café con leche, recuerda que la leche de tu taza ha llegado a costa del vínculo entre una madre y su cría, que merece la misma protección y respeto que le daríamos a cualquier wombat.

Por Héctor Pizarro, Sociedad Vegana

Ilustración: Fotografìa de Sam Jones vía The Guardian. Fotografìa de vaca y su cría vía Animal Equality.